
Agujero negro es el hastío
de un Dios ebrio de beberse a sí mismo.
Todo se diluye en el EMBUDO VIOLETA del crepúsculo.
Cada segundo es tan eterno como el anterior.
Desde el vientre húmedo de una playa dormida
aferrados al muelle de la noche
intentamos aprehender
en cada destello del cosmos
peces de fuego que saltan del abismo.
Y como la tumba de ámbar de aquel insecto prehistórico
alguna memoria sobrevive siempre
a la avalancha de manzanas sin rostro
sobre el mantel del tiempo que nos condena a sentir
la nimiedad de nuestros huesos
y la orfandad de nuestras almas.
Hasta que suene la séptima trompeta
y aquél Dios recuerde en qué lugar
dejó olvidadas
sus canicas.
de un Dios ebrio de beberse a sí mismo.
Todo se diluye en el EMBUDO VIOLETA del crepúsculo.
Cada segundo es tan eterno como el anterior.
Desde el vientre húmedo de una playa dormida
aferrados al muelle de la noche
intentamos aprehender
en cada destello del cosmos
peces de fuego que saltan del abismo.
Y como la tumba de ámbar de aquel insecto prehistórico
alguna memoria sobrevive siempre
a la avalancha de manzanas sin rostro
sobre el mantel del tiempo que nos condena a sentir
la nimiedad de nuestros huesos
y la orfandad de nuestras almas.
Hasta que suene la séptima trompeta
y aquél Dios recuerde en qué lugar
dejó olvidadas
sus canicas.